{"id":1566,"date":"2022-05-05T11:57:22","date_gmt":"2022-05-05T11:57:22","guid":{"rendered":"https:\/\/dracsiespases.es\/?page_id=1566"},"modified":"2025-09-02T00:33:20","modified_gmt":"2025-09-02T00:33:20","slug":"prologo-y-epilogo","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/dracsiespases.es\/val\/prologo-y-epilogo\/","title":{"rendered":"Pr\u00f3logo y ep\u00edlogo"},"content":{"rendered":"<div data-elementor-type=\"wp-page\" data-elementor-id=\"1566\" class=\"elementor elementor-1566\" data-elementor-settings=\"[]\">\n\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-section-wrap\">\n\t\t\t\t\t\t\t<section data-particle_enable=\"false\" data-particle-mobile-disabled=\"false\" class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-b386a4a elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"b386a4a\" data-element_type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-17db818\" data-id=\"17db818\" data-element_type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-2f0602ec elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"2f0602ec\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t<style>\/*! elementor - v3.5.6 - 28-02-2022 *\/\n.elementor-heading-title{padding:0;margin:0;line-height:1}.elementor-widget-heading .elementor-heading-title[class*=elementor-size-]>a{color:inherit;font-size:inherit;line-height:inherit}.elementor-widget-heading .elementor-heading-title.elementor-size-small{font-size:15px}.elementor-widget-heading .elementor-heading-title.elementor-size-medium{font-size:19px}.elementor-widget-heading .elementor-heading-title.elementor-size-large{font-size:29px}.elementor-widget-heading .elementor-heading-title.elementor-size-xl{font-size:39px}.elementor-widget-heading .elementor-heading-title.elementor-size-xxl{font-size:59px}<\/style><h2 class=\"elementor-heading-title elementor-size-default\">Pr\u00f2leg<\/h2>\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section data-particle_enable=\"false\" data-particle-mobile-disabled=\"false\" class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-5a4c5691 elementor-section-content-middle elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"5a4c5691\" data-element_type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-no\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-520d1a43\" data-id=\"520d1a43\" data-element_type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-41a57fae elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"41a57fae\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t<h3 class=\"elementor-heading-title elementor-size-default\">Prologo I - Presagio al amanecer<\/h3>\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-f90327b elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"f90327b\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t<h3 class=\"elementor-heading-title elementor-size-small\">1 de Eleint (Septiembre) de 1372<\/h3>\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-43b46f40 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"43b46f40\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t<style>\/*! elementor - v3.5.6 - 28-02-2022 *\/\n.elementor-widget-text-editor.elementor-drop-cap-view-stacked .elementor-drop-cap{background-color:#818a91;color:#fff}.elementor-widget-text-editor.elementor-drop-cap-view-framed .elementor-drop-cap{color:#818a91;border:3px solid;background-color:transparent}.elementor-widget-text-editor:not(.elementor-drop-cap-view-default) .elementor-drop-cap{margin-top:8px}.elementor-widget-text-editor:not(.elementor-drop-cap-view-default) .elementor-drop-cap-letter{width:1em;height:1em}.elementor-widget-text-editor .elementor-drop-cap{float:left;text-align:center;line-height:1;font-size:50px}.elementor-widget-text-editor .elementor-drop-cap-letter{display:inline-block}<\/style>\t\t\t\t<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 Nunca deja de maravillarme c\u00f3mo despierta Calimport cada ma\u00f1ana, incluso cuando el sol todav\u00eda duda en asomarse por el horizonte y la bruma marina se aferra a las callejuelas como un manto de plata. Las campanas de los descargadores ya han sonado en el puerto, los cargadores de especias gritan los primeros precios y los trikares revisan sus primeras vasijas, pues nada debe salir en mal estado si pretende llegar a la mesa de alg\u00fan adinerado. Y aqu\u00ed estoy yo, Humran ibn-Salif, mayordomo del excelent\u00edsimo visir Harran el Gris, recorriendo las arterias de esta ciudad que late con un ritmo tan antiguo como la arena misma.<\/p><p>Dicen que el sult\u00e1n Ralan el Pesarkhal es el coraz\u00f3n de Calimport\u2026 y quiz\u00e1 lo sea. Pero son sus seis visires los que act\u00faan como la sangre que lleva su mandato a cada rinc\u00f3n. Tres tradicionalistas, guardianes de las costumbres, tres reformistas, so\u00f1adores de nuevas sendas\u2026 y entre ambos grupos se teje ese equilibrio tan fr\u00e1gil y, sin embargo, tan pr\u00f3spero. Mi se\u00f1or, Harran, era \u2014es, me digo todav\u00eda\u2014 la voz m\u00e1s firme de los guardianes de lo antiguo: prudente, templado, sabio como las piedras de la Gran Biblioteca. Gracias a \u00e9l, y a quienes como \u00e9l entienden que el cambio debe llegar como el riego a las palmas y no como un torrente que arranca las ra\u00edces, la ciudad goza de orden, de justicia y, sobre todo, de continuidad.<\/p><p>Atravesar el Zoco de los Nacares a estas horas es una delicia reservada solo a quienes tenemos los pasos permitidos por esta zona de los m\u00e1s adinerados. Aqu\u00ed no hay mercachifles voceando trastos ni vendedores de pescado podrido. Aqu\u00ed, cada puesto es una obra de arte: sedas de Thay dispuestas como cascadas de luz, perfumes de Chult que embriagan a metros de distancia, joyeros que trabajan la plata con la paciencia de los sabios. Miro a izquierda y derecha y reconozco los estandartes de los gremios: los Sirdan ya est\u00e1n en plena faena, examinando los \u00faltimos cargamentos de gemas encantadas que llegaron anoche con la luna creciente; m\u00e1s all\u00e1, los Vireh charlan en corrillo con dos mercaderes de caravanas, quiz\u00e1 tanteando nuevas rutas de tributo o favores, siempre con esa sonrisa que no deja ver si ofrecen d\u00e1diva o exigen servidumbre. Los Qasrim han enviado una pareja de vigilantes, r\u00edgidos como lanzas, a revisar las balanzas, y uno casi puede sentir c\u00f3mo se crispan cuando ven a los Al-Zamir supervisar las cajas de recaudaci\u00f3n de aranceles. Es un juego eterno, pero uno que mantiene la maquinaria en marcha.<\/p><p>Al doblar una esquina, la sombra del Templo del Ojo Silente se proyecta sobre la calle, oscura y siniestra incluso a plena luz. Nunca me he sentido c\u00f3modo cerca de ese lugar. Dicen que ni la antorcha m\u00e1s brillante sobrevive tras sus puertas, y que los ecos de su interior pertenecen m\u00e1s a la Dama de la Noche que a este mundo. Irtemara el Eradsari\u2026 solo o\u00edr su nombre me eriza la piel. \u00bfQu\u00e9 secretos guarda ah\u00ed dentro? Mejor no preguntarlo.<\/p><p>\u00a1Ah, el comercio! Qu\u00e9 ser\u00eda de Calimport sin su comercio. Aqu\u00ed, bajo estos toldos de colores, se encuentran las riquezas de Faer\u00fbn y aun m\u00e1s all\u00e1. Seda de Kara-Tur, especias de Zakhara, alfombras que cuentan historias en sus nudos, gemas que reflejan cielos que nunca hemos visto. Todo tiene su precio, por supuesto; y si uno est\u00e1 dispuesto a pagarlo, nada es inalcanzable. Ni siquiera los caprichos m\u00e1s oscuros. Miro, sin demasiado disimulo, la subasta que se prepara en la esquina del Patio de los Siete Vientos: hoy traen esclavos de buena cepa, j\u00f3venes de las islas del sur, fornidos y de mirada mansa, y tambi\u00e9n dos muchachas rubias de los reinos del norte, de esas que se pagan con oro por su rareza. El pregonero alza la voz anunciando que el lote especial incluye una nodriza entrenada y un escriba que sabe cinco lenguas. Buen d\u00eda para quien busque aumentar su casa con siervos \u00fatiles. Pienso en hacer una nota mental: al se\u00f1or le agrada tener escribas de buena pluma, quiz\u00e1 deba pujar en su nombre.<\/p><p>Mientras avanzo, la brisa del mar trae el aroma salobre mezclado con el dulzor del trika reci\u00e9n abierto. Pienso en el sult\u00e1n. Hace semanas que no se deja ver en p\u00fablico, y aunque las malas lenguas insin\u00faan achaques propios de la edad, yo no presto o\u00eddos a tales rumores. Ralan el Pesarkhal ha llevado esta ciudad a una era de estabilidad que ni los mapas m\u00e1s antiguos recuerdan. Fue \u00e9l quien reorganiz\u00f3 los gremios tras las Guerras de los Acechadores Oscuros; \u00e9l quien salv\u00f3 la l\u00ednea sucesoria cuando los traidores intentaron desangrar el trono; \u00e9l quien, con mano firme pero coraz\u00f3n magn\u00e1nimo, ha sabido mantener a raya tanto a los reformistas impacientes como a los tradicionalistas excesivamente r\u00edgidos. Si guarda reposo, ser\u00e1 por consejo de los astr\u00f3logos\u2026 o quiz\u00e1 porque dedica su atenci\u00f3n a su hijo, Jalid el Pesarkhal, que se encuentra de viaje aprendiendo las sendas del comercio, la diplomacia y la guerra que un d\u00eda heredar\u00e1.<\/p><p>Mi ruta me lleva ahora por la Avenida de los Mil Candiles, una calle ancha, flanqueada de palacios donde los portales son tan altos como la ambici\u00f3n de sus due\u00f1os. Aqu\u00ed las carrozas de los comerciantes hechiceros se cruzan con las de los pr\u00edncipes de la seda, y cada uno intenta aparentar modestia mientras cuenta sus monedas en secreto. Frente a m\u00ed, la Casa de T\u00e9 \u201cLos Vientos Cambiantes\u201d exhala su aroma dulce y especiado: all\u00ed descansan mercenarios, all\u00ed escuchan los eruditos, all\u00ed se cierran tratos que no siempre se firman. Dimhra Kurma, su due\u00f1a, puede ser tu esperanza de encontrar trabajo, una salida o la verdugo que con una nota suya ponga precio a tu cabeza.<\/p><p>Pero hoy no hay tiempo para t\u00e9. Hoy siento un ligero malestar, una punzada que me acompa\u00f1a desde que amanec\u00ed. Quiz\u00e1 sea la carta que lleg\u00f3 anoche, sellada con la cera del visir, cit\u00e1ndome de urgencia a su residencia principal. No es habitual que mi se\u00f1or despierte antes que el sol; es hombre de h\u00e1bitos pausados, de desayunos largos y tertulias meditadas. Algo le preocupa, y si algo preocupa a Harran el Gris, es algo muy a tener en cuenta para la ciudad.<\/p><p>Doblo la \u00faltima esquina y all\u00ed est\u00e1 la residencia: austera, de piedra caliza, con los jardines interiores perfumando discretamente la calle. El port\u00f3n est\u00e1 entreabierto. Extra\u00f1o. Siempre est\u00e1 cerrado a esta hora. Empujo con cuidado, llamando a los porteros, a los criados\u2026 silencio. Solo el eco de mis pasos responde.<\/p><p>Camino por el vest\u00edbulo, notando una ligera capa de polvo que no deber\u00eda estar all\u00ed. Las alfombras no han sido sacudidas, las l\u00e1mparas no han sido encendidas. Es como si la casa entera hubiera contenido la respiraci\u00f3n. \u00ab\u00bfSe\u00f1or?\u00bb, murmuro, avanzando hacia el despacho. La puerta de cedro est\u00e1 entornada. Entro. Y entonces lo veo.<br \/><br \/>La silla vac\u00eda. La mesa con los anillos \u2014sus anillos\u2014 alineados sobre ella. Y una monta\u00f1a de ceniza, gris y fina, depositada justo donde deber\u00eda estar su sombra.<br \/>Mi coraz\u00f3n se acelera. Extiendo la mano, murmuro el conjuro menor de clarividencia que me ense\u00f1\u00f3 el propio Harran para las noches de sospecha. La bruma arcana revela lo que temo: la ceniza palpita, y se dispersa. Son restos humanos.<br \/><br \/>Mi se\u00f1or\u2026 mi se\u00f1or Harran, \u00bfqu\u00e9 os ha sucedido? \u00bfPor favor que no se\u00e1is vos? <br \/><br \/>La balanza\u2026 se ha roto.<\/p>\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-80913d5 elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"80913d5\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t<h3 class=\"elementor-heading-title elementor-size-default\">Pr\u00f3logo II - El anochecer de la profec\u00eda<\/h3>\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-861bd4d elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"861bd4d\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t<h3 class=\"elementor-heading-title elementor-size-small\">20 de Eleint (Septiembre) de 1370<\/h3>\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-b91ec77 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"b91ec77\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0El sol se hunde en las aguas del mar resplandeciente como un pedazo de bronce incandescente, y la ciudad exhala su aliento m\u00e1s pesado cuando las sombras empiezan a reclamarla. El atardecer es cuando Calimport muestra su verdadero rostro: no ese que venden a los mercaderes ricos ni el que alaban los visires en sus palacios, sino el rostro ajado, cansado, ennegrecido por la codicia que la asfixia.<\/p><p>Camino entre las callejas del Bajo Zoco, all\u00ed donde el perfume de las especias no tapa el hedor a cuerpos sin techo y a sue\u00f1os rotos. Las piedras aqu\u00ed guardan l\u00e1grimas que nadie cuenta, y cada rinc\u00f3n oculta un ni\u00f1o que aprendi\u00f3 demasiado pronto que la compasi\u00f3n no alimenta. Aprieto la m\u00e1scara blanca contra mi rostro: fr\u00eda, sin expresi\u00f3n. Prefiero que vean la m\u00e1scara y no la cicatriz que me quema todav\u00eda el lado derecho de la cara y del cuello. Esa herida\u2026 recuerdo su olor a ozono, la descarga que me arranc\u00f3 la piel cuando me interpuse entre unos mercaderes y aquella muchacha. Quer\u00edan comprarla como si fuera grano. Ella escap\u00f3; yo qued\u00e9 marcado.<\/p><p>El puerto\u2026 ah, siempre bulle. Pero no todos los barcos traen riquezas: algunos traen cadenas, otros hambre. Veo los cargadores encorvados bajo el peso de mercanc\u00edas que jam\u00e1s podr\u00e1n poseer. Veo a los recaudadores que apuntan cada saco, cada moneda\u2026 no para la ciudad, sino para llenar las arcas de quienes ya tienen demasiado. Y la gente, esa multitud cansada, ni siquiera mira. Han aprendido que mirar duele.<\/p><p>El Templo del Ojo Silente se recorta en el horizonte como una sombra de olvido, puro como la noche sin estrellas, Irtemara el Eradsari&#8230; He o\u00eddo su nombre en los susurros de los que temen vivir y de los que no saben morir. Guardiana de un poder que lo podr\u00eda cambiar todo, parece no querer hacer nada, ser\u00e1 miedo a la verdad o simplemente quiere seguir viviendo de la sangre de esta ciudad.<\/p><p>Sigo caminando. El Zoco de los N\u00e1cares est\u00e1 a punto de cerrarse: los toldos bajan, las l\u00e1mparas se encienden. Aqu\u00ed el oro habla m\u00e1s alto que la sangre. Veo a los adinerados guardando sus cofres, a los eruditos repartiendo sonrisas envenenadas, a los Amires contando impuestos hasta de la miseria. Y, entre ellos, las subastas que llaman \u201cjustas\u201d: carne humana ofrecida al mejor postor. Un escriba, una nodriza, una ni\u00f1a de ojos verdes\u2026 todos etiquetados, todos tasados. Siento la cicatriz arder. Siento los dedos tensarse.<\/p><p>Cruzo hacia los suburbios. Aqu\u00ed la luz de los mil candiles no llega; aqu\u00ed la ciudad deja de fingir. Las casas son conchas vac\u00edas, los ni\u00f1os juegan con barro, las madres venden lo que queda de s\u00ed mismas para alimentar a los suyos. Y aun as\u00ed, llaman al sult\u00e1n el coraz\u00f3n de Calim. \u00bfQu\u00e9 coraz\u00f3n late dejando que su piel se pudra? \u00bfQu\u00e9 decisiones toma cuando los visires son el verdadero cerebro? Codiciosos, hedonistas y sin escr\u00fapulos. Coraz\u00f3n\u2026 la palabra me golpea. El Coraz\u00f3n de Calim. Perdido, olvidado. Dicen que los antiguos djinns lo dejaron como ancla de poder, una chispa capaz de devolver la vida a estas calles o de quemarlas hasta la ra\u00edz. Nosotros sabemos d\u00f3nde estuvo, sabemos qui\u00e9n lo busca y qui\u00e9n teme su regreso. No somos muchos, pero seremos suficientes.<\/p><p>Llego a la casa sin nombre, en la tercera curva del callej\u00f3n de los Candiles Muertos. Tres golpes, dos silencios, una pausa. La puerta se abre. El olor a incienso barato me recibe como siempre. Dentro, decenas de m\u00e1scaras blancas giran hacia m\u00ed. No hay saludo hablado: todos inclinan la cabeza. Respeto. No a m\u00ed, sino a lo que represento.<br \/><br \/>\u2014 Za\u2019\u00efm \u2014susurra uno\u2014. \u00bfViste la ciudad sangrar hoy?<br \/><br \/>\u2014La vi ahogarse \u2014respondo, mientras la m\u00e1scara me devuelve mi propia mirada vac\u00eda.<br \/><br \/>La reuni\u00f3n comienza. Pronto hablaremos de rutas, de nombres, de movimientos. Pronto, la noche ser\u00e1 nuestra aliada.<br \/><br \/>Porque mientras ellos juegan con cadenas y monedas\u2026 nosotros buscamos el Coraz\u00f3n.<br \/><br \/>Y el atardecer de Calimport\u2026 no es el final. Es el presagio.<\/p>\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-591ca57 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"591ca57\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo Prologo I &#8211; Presagio al amanecer 1 de Eleint (Septiembre) de 1372 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Nunca deja de maravillarme c\u00f3mo despierta Calimport cada ma\u00f1ana, incluso cuando el sol todav\u00eda duda en asomarse por el horizonte y la bruma marina se aferra a las callejuelas como un manto de plata. 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